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NUESTRA PROPUESTA: UNA EDUCACIÓN EN VALORES

Nuestra acción docente y educativa se inspira en una propuesta coherente de valores y expresa un objetivo primordial: que nuestros estudiantes no solo aprendan a pensar y a hacer, sino también a ser y a compartir.

La familia agustiniana tiene como emblema un corazón y un libro. Ambos elementos constituyen el símbolo gráfico de la pedagogía inspirada en el pensamiento de San Agustín. Aprender a ser y a compartir o – formulado de otro modo - , enseñar a pensar y a amar, se presenta como una síntesis genial de la educación agustiniana. El libro y el corazón integrados en una misma imagen. La noble posibilidad del pensamiento y el ejercicio humano del amor consciente. El amor inteligente, la verdad que hace relación al amor y el amor que hace relación al corazón.

Aprender a ser y aprender a compartir es tanto como señalar las dos metas de la pedagogía agustiniana, a las que se llega por el camino de una educación en valores que será más persuasiva si se presenta con alegría (cf. La Catequesis a principiantes, II, 4, 13), en un clima de confianza, benevolencia y adaptación al estudiante para acompañarlo en su formación.

Seleccionamos así un cuadro concreto de valores agustinianos:

 

Tan importante como una educación en valores es garantizar la transmisión de experiencias que generan confianza, libertad y vínculos espirituales. Creer en los estudiantes es favorecer su potencial de aptitudes y facilitar su máximo desarrollo.

Frente a la vida vivida en la superficialidad y el pensamiento débil, la Comunidad Educativa Santa Rosa de Chosica pretende cultivar las dimensiones humanas más profundas, articulando razón y fe para que el estudiante amplíe su mundo interior y acceda, progresivamente a un universo vital desconocido. “Dejemos tiempo a la meditación y al silencio. Recógete en tu interior y aíslate de todo miedo. Vuelve la vista hacia tu interior, donde no hay alboroto ni altercados, donde tienes un retiro tranquilo para tu conciencia… Atiende con calma y serenidad a la verdad para que la entiendas” (Sermón 52,22).

La educación agustiniana tiene su piedra angular en el amor. Solo educa el amor. Amor a todos, pero a cada persona hay que amarla de manera diferente, huyendo de un falso igualitarismo que borra la originalidad e ignora la diferencia, y muy conscientes de que hay que adelantarse en el amor (cf. La Catequesis a principiantes IV, 7). Educar en el amor y para el amor es una convicción tan medular en el pensamiento de San Agustín que lleva a decir: “De ninguna otra cosa debe uno preocuparse en la vida, sino de elegir lo que ha de amar” (Sermón 96, 1).